Fábula del Cuento de la Lechera

Existen varios cuentos conocidos y leídos mundialmente por las personas, uno de estos es el cuento de la lechera. Las enseñanzas que se destacan son lecciones que resultan muy interesantes y provechosas. El tiempo que puedan emplear los individuos, en la lectura de este y otros cuentos, los ayudará en su diario vivir.

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El cuento de la lechera

En este cuento de la lechera, uno de los aspectos que destaca consiste en que no intervienen muchos personajes. La protagonista principal es una niña que, luego de recoger un poco de leche, va a llevarla al mercado. El soñar despierta, alejándose de la realidad, la lleva a cometer un acto imprudente que debe ser analizado.

Un relato sobre la imaginación y el plantearse o ilusionarse con cosas que no han ocurrido:


“Había una vez una niña, hija de un granjero, que ayudaba a sus padres en las tareas de casa y en el cuidado de los animales de la granja.

Una mañana, tras recoger la leche de las vacas, la madre de la niña se sintió mal y no se encontraba bien para salir de casa. Entonces, pidió a su hija que llevara la leche al mercado para venderla. La niña, muy responsable, le contestó muy contenta que sí. Y más contenta se quedó cuando su madre le prometió que todo el dinero que ella ganase con la venta de la leche, sería para ella.

La niña cogió el cántaro lleno de leche y salió de la granja en dirección al pueblo. Por el camino, ella empezó a hacer planes futuros con lo que ganaría:

– Cuando yo venda esta leche, compraré trescientos huevos. Los huevos, descartando los que no nazcan, me darán al menos doscientos pollos. Los pollos estarán listos para mercadearlos cuando los precios de ellos estén en lo más alto, de modo que para fin de año tendré suficiente dinero para comprarme el mejor vestido para asistir a las fiestas.

Y seguía ensimismada en sus pensamientos:

– Cuando esté en el baile todos los muchachos me pretenderán, y yo los valoraré uno a uno.

Pero en ese momento la niña se despistó y no se dio cuenta de que había una piedra en el medio del camino y acabó tropezando en la piedra y cayendo en el suelo. El cántaro voló por el aire y se rompió derramando toda la leche al suelo.

La niña, decepcionada y herida, se levantó y lamentó:

– ¡Qué desgracia! Ya no tengo nada que vender, no tendré huevos, ni pollitos, ni vestido… eso me pasa por querer demasiado.

Y fue así como la niña, frustrada, se levantó, volvió a la granja y reflexionó sobre la oportunidad que tuvo y que la derramó por el suelo.”

Moraleja y aprendizaje

Este cuento de la lechera encierra más de una moraleja, pues permite que las personas extraigan varias lecciones. Una de estas se relaciona con el hecho de que la gente no debe soñar despierta. Tienen que asegurarse de que lo que planean, hacia el futuro, sea alcanzado poco a poco mediante metas realistas.

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También deben entender que tienen que cuidar con lo que cuentan ahora, porque son las bases para lo que esperan conseguir. En el caso de la lechera, por estar imaginando cosas que aún no se habían realizado, derramó la leche. Si hubiera estado pendiente de lo que tenía, se habría dado cuenta de que podía derramarla.

Las personas deben tomar en cuenta las circunstancias que se les puedan presentar, para que no vayan a tropezar. No todas las cosas pueden conseguirse fácilmente, ya que en la realidad se presentan problemas que tienen que superarse. El estar conscientes de este asunto, los llevará a manejar las cosas con precaución.

Así mismo, en el negocio de las ventas o el comercio, deben cultivar la paciencia y la perseverancia. El éxito que puedan tener no lo alcanzarán de la mañana a la noche, tal como creyó la lechera que lo haría. Aun así, el que no se den por vencidos y eliminen la frustración, los conducirá a que puedan ser exitosos.

Si la lechera hubiera regresado a buscar más leche, y luego planificar bien todo, hubiera conseguido lo que soñaba. Con planes definidos, siendo optimista, pacientes y sin ser ambiciosos, las personas pueden alcanzar sus sueños.

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